CONCEPTOS FUNDAMENTALES

Quien dedica su vida a la clínica psicoanalítica seguramente haya podido apreciar hasta qué punto el conflicto psíquico se apoya sobre “defensas” erigidas ante situaciones que se hoy han tornado anacrónicas. Sabe, también, del alivio y enriquecimiento en vitalidad que produce traer a la conciencia los conflictos negados de la propia historia.

Como bien señala el psicoanalista argentino L. Chiozza, Sigmund Freud  presenta la meta de un psicoanálisis con distintos nombres a lo largo de su obra: “hacer consciente lo inconsciente, vencer las resistencias, llenar las lagunas mnémicas, transformar la repetición en recuerdo, interpretar la transferencia, restituir la unidad psíquica o lograr que allí donde ello era, advenga el yo” (…) “todas estas finalidades coinciden en una misma tarea. Son distintos modos de ver y describir no solamente un mismo fin, sino, además, un mismo camino, porque son acontecimientos que se implican mutuamente, es decir, que transcurren juntos”.

El valor de este proceso reside en que nos permite ampliar nuestro panorama y campo de acción, mirarlo todo desde otra perspectiva, una que no se encuentre obligada a seguir el surco trazado por malentendidos que tal vez han sido inevitables en otros momentos de nuestra vida. He allí, según E. Racker, el principal beneficio del método terapéutico iniciado por Freud: “la unión del analizado consigo mismo: lo que aparentemente es no-yo ha de convertirse en yo. Para que se realice esta reunión el analista debe, a su vez, unirse con el analizado -ya que comprender es unirse, en la conciencia- y especialmente unirse con lo que el analizado rechaza y escinde de sí mismo”.