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PRESENTACIÓN

El Centro de Estudios Freudianos es un espacio de formación en teoría y técnica psicoanalítica que funciona de manera virtual (online) y presencial en la ciudad de Madrid, España. Tiene por objeto acercar el psicoanálisis a personas hispanoparlantes residentes en todo el mundo que presentan un interés particular por los hechos revelados por esta ciencia. 

Enseñar las ideas del psicoanálisis implica echar luz sobre los enigmas del alma humana, hacer conocer lo inconsciente, familiarizar al sujeto con lo que es ajeno a la conciencia y rechazado por ella y que, sin embargo, existe dentro del psiquismo de cada uno, determinando en grado insospechado nuestro pensar, sentir y hacer. 

(…) “Acercar el psicoanálisis significa aún, en suprema instancia, contribuir a la realización de un antiguo anhelo de los hombres que consiste en alcanzar aquel conocimiento de sí mismo que conduce a una mejor solución de los conflictos internos y externos, a la disminución de la angustia y del odio y a la transformación –la humanización- del ser humano”. (E. Racker)

CONCEPTOS FUNDAMENTALES

Quien dedica su vida a la clínica psicoanalítica seguramente haya podido apreciar hasta qué punto el conflicto psíquico se apoya sobre “defensas” erigidas ante situaciones que se hoy han tornado anacrónicas. Sabe, también, del alivio y enriquecimiento en vitalidad que produce traer a la conciencia los conflictos negados de la propia historia.

Como bien señala el psicoanalista argentino L. Chiozza, Sigmund Freud  presenta la meta de un psicoanálisis con distintos nombres a lo largo de su obra: “hacer consciente lo inconsciente, vencer las resistencias, llenar las lagunas mnémicas, transformar la repetición en recuerdo, interpretar la transferencia, restituir la unidad psíquica o lograr que allí donde ello era, advenga el yo” (…) “todas estas finalidades coinciden en una misma tarea. Son distintos modos de ver y describir no solamente un mismo fin, sino, además, un mismo camino, porque son acontecimientos que se implican mutuamente, es decir, que transcurren juntos”.

El valor de este proceso reside en que nos permite ampliar nuestro panorama y campo de acción, mirarlo todo desde otra perspectiva, una que no se encuentre obligada a seguir el surco trazado por malentendidos que tal vez han sido inevitables en otros momentos de nuestra vida. He allí, según E. Racker, el principal beneficio del método terapéutico iniciado por Freud: “la unión del analizado consigo mismo: lo que aparentemente es no-yo ha de convertirse en yo. Para que se realice esta reunión el analista debe, a su vez, unirse con el analizado -ya que comprender es unirse, en la conciencia- y especialmente unirse con lo que el analizado rechaza y escinde de sí mismo”.

“Un día un viejo sabio chino perdió sus perlas. Mandó, pues, a sus ojos a buscar sus perlas, pero sus ojos no encontraron sus perlas. Mandó entonces a sus oídos a buscar las perlas, pero sus oídos tampoco encontraron las perlas. Mandó luego a sus manos a buscar las perlas, pero tampoco sus manos las encontraron. Y así mandó a todos sus sentidos a buscar sus perlas pero ninguno de ellos las encontró. Finalmente, mandó su no-buscar a buscar sus perlas. Y su no-buscar encontró las perlas”.
El célebre psicoanalista húngaro-argentino E. Racker nos enseña que captar o intuir el inconsciente del analizado –sus impulsos, resistencias y transferencias inconscientes- y así comprender sus situaciones de conflicto irresueltas es una de las tareas fundamentales del psicoanalista. Esta “captación” solamente puede producirse a través del propio inconsciente puesto que, tal como lo prescribe la sabiduría medieval, “sólo lo igual puede conocer lo igual”. Para decirlo con otras palabras: sólo puede conocerse en otro lo que es propio de uno mismo y ha sido adecuadamente asimilado/aceptado. Es por ello que Freud establece que es necesario, para quien desea ejercer el psicoanálisis, atravesar un psicoanálisis personal: porque sólo se puede hacer consciente el inconsciente de otro en la medida en que la propia consciencia está lo suficientemente permeable a los propias pulsiones, sentimientos y fantasías. Sólo sirve captar en el otro aquello que el analista ha aceptado dentro de él como propio y que, por lo tanto, puede ser re-conocido en el otro sin angustia ni rechazo.

La relación afectiva que el analizado establece con el analista en un análisis, se re-crea. Ello implica que ya existe, en forma latente, dentro del analizado. Desde sus primeros años de vida, el sujeto neurótico alberga dentro de sí, reprimidos, un conjunto de fantasías, angustias e intensos conflictos repletos de idealizaciones, persecuciones y depresiones. En el tratamiento psicoanalítico, es esperable que todos estos procesos infantiles “retornen”, se hagan presentes en la relación analítica a través de lo que conocemos como transferencia.

Un proceso psicoanalítico consiste, fundamentalmente, en el análisis de esta transferencia, lo cual supone centrar nuestra atención en la singular interrelación recíproca entre dos individuos: el analizado y el analista. Esta relación deviene el “campo de batalla” por excelencia en el que el analizado puede apuntar a lograr la “integración” de su personalidad, superando la desunión consigo mismo, la angustia ante sí mismo y los métodos destructivos de defensa frente a sí mismo. 

La creación de la transferencia posibilita de este modo un “desentierro” de ciertas relaciones primarias que necesitan –y estaban esperando- ser revividas para darles un nuevo y mejor destino.  Tal como lo establece Racker, “la transferencia es la revivencia de la infancia en mejores condiciones; ella permite que lo que antaño fuer rechazado patológicamente sea admitido en la consciencia, sobre todo gracias a la mayor fuerza del yo adulto y a la conducta comprensiva y objetiva del psicoanalista”.

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